Los sentimientos son para sentirlos. Hay que dejarlos fluir. Cuando los dejamos fluir se terminan por sí solos. Pero en realidad siempre estamos haciendo cosas para no tener que sentir. La señal de que estamos vivos es sentir y no confundir nuestros sentimientos con la realidad”

Marianne Franke-Gricksch

  

Seguro que en alguna ocasión habéis escuchado frases como: “Nunca me enfado”, “Siempre está contento”, “¡Vaya energía trae!” o “Me siento triste y no acierto a comprenderlo. Mi vida de pareja va bien, mis hijos están sanos y profesionalmente es lo que quería, pero a pesar de todo, me siento triste”.

Estamos hablando de emociones y de su gestión. Las emociones nos acompañan las veinticuatro horas del día desde el nacimiento hasta la muerte. Nos acompañan aún no siendo conscientes de que las estamos sintiendo. En cada acontecimiento o situación, en la interacción con el otro…, las emociones están siempre presentes. Nos dicen lo que necesitamos en ese preciso instante. La emoción nos da información de cómo estoy yo y de cómo está el otro.

Ante determinada situación podemos experimentar varias emociones, que incluso, pueden llegar a ser contradictorias, y difíciles de gestionar.  Ante la muerte de un ser querido puedo sentir tristeza y al mismo tiempo cierta paz. Tristeza por la pérdida. Paz porque pienso que ha dejado de sufrir. Puedo también sentir cierta incomodidad y culpa al sentir esa paz.

Se suele hablar de cuatro emociones básicas -miedo, alegría, tristeza y rabia- que compartimos con personas de distintas procedencias, culturas y épocas. Cada una de ellas contiene información respecto a lo que nos pasa en el presente. Nos hablan de supervivencia, de interacción y socialización. Nos hablan de nuestras necesidades, de lo que nos gusta y lo que no; de lo que nos sienta bien o mal; de pérdidas y ganancias; de lo que nos lleva a la vida y de lo que nos lleva a la extinción.

Conectar de forma consciente con la emoción implica reconocer su manifestación corporal, nombrarla, sostenerla y aceptarla, identificar nuestra necesidad y, en un siguiente paso, decidir cómo y cuándo los vanos a gestionar. De este modo podemos recuperar el equilibrio y volver a estar disponibles en el aquí y ahora.

Durante el taller contactaremos con las emociones teniendo en cuenta, especialmente, los siguientes aspectos:

·      La emoción en sí misma. Es decir, qué me está diciendo esa emoción (de mí, del otro, de la situación en si misma), qué información me da, qué mecanismos pongo en marcha para evitar contactar con la emoción; qué consigo o qué evito al contactar o no con la emoción y expresarla. 

Es decir, empezar a tomar consciencia de nuestro modo particular de vivir, gestionar y relacionarnos con las emociones.

Y desde la mirada sistémica de las Constelaciones Familiares, pondremos atención a las emociones heredadas de nuestro sistema familiar. Bien de nuestros padres, o de aquel abuelo o antepasado con el que tenemos un vínculo especial.

Las puertas de la percepción las abre el dolor. Queremos huir del dolor, superar el dolor, y hay que sumergirse en él y darle las gracias, y no aceptar que nos quieran rescatar de él. Ser capaces de estar en el dolor nos da mucha fuerza y nos devuelve la percepción

Angélica Olvera

 


Taller impartido por: CRISTINA DÍAZ PELLICER  

Licenciada en Filosofía y Ciencias de la Educación  /  Postgrado Interuniversitario en Acogimiento, Adopción y Postadopción.  /  Máster Especialista en Sofrología Caycediana.  /  Formación en Constelaciones Familiares.  /  Terapeuta Gestalt.  /   Máster Practitioner y Trainer en PNL.  /  Formación en Intervención y Terapia Estratégica.   /  Especialista en Intervención Sistémica con familias, niños y adolescentes.  /  Coaching Wingwave.  /  Formación en Pedagogía Sistemica. Coordinadora de la Formación en Terapia Humanista Integrada.

CARME TUSET PADRÓ

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